SUMÁNDONOS A LA TRANSFORMACIÓN

9 junio, 2020

Desde hace algún tiempo que uno los principales desafíos de las empresas de servicios, como nosotros,  ha sido el cómo conjugar la personalización y acercamiento de nuestra oferta frente a clientes que cada vez demandan por una menor dedicación de tiempo y una mayor lejanía física.  Pues bien, es interesante observar como en otro contexto estos desafíos siguen teniendo la misma relevancia que antes, o incluso mayor.

Francamente, no sé cuáles serán los cambios radicales en nuestra forma de vivir o trabajar luego de esta emergencia sanitaria global, si realmente las oficinas van de retirada por la llegada irrefutable del home office, si la gente se irá de vuelta a vivir al campo, o si las veredas serán de dos pisos. Pero si de algo podemos estar seguros es que confirmará el proceso de adaptación y transformación por el cual hemos estado transitando desde hace mucho tiempo, siendo el trabajo remoto, el e-commerce, la robotización de procesos, entre otros, componentes conocidos de estos cambios, los que además han traído consigo una consecuencia natural de menor contacto o de distanciamiento físico entre las personas, por supuesto por necesidades distintas a las actuales, no obstante, nada nuevo.

De igual forma, todo el mundo está de acuerdo también que las crisis sanitarias, económicas, bélicas, etc., dejando de lado sus evidentes efectos negativos, son al mismo tiempo aceleradores de la innovación y de  nuevas oportunidades. Solo un par de ejemplos:

    • La peste negra terminó rompiendo el sistema feudal, cambiándolo por el contrato de trabajo.

    • Durante la primera guerra mundial se inventó el cierre (cremallera) y se creó el acero inoxidable.
    • Avanzando varias décadas, la pandemia SARS 2002-2004 fue un catalizador para el crecimiento del comercio electrónico en Asia, siendo el caso más emblemático el impulso que logró Alibaba por esos años.

    • Más reciente aún, fue la aparición del sharing (economía compartida) durante la crisis subprime, sacando partido a bienes personales que no eran rentabilizados hasta ese momento, surgiendo compañías como Uber o Airbnb.

Entonces, creo que el desafío es claro, no solo tenemos que transitar eternamente como entes reactivos por esta nueva era de cambios y de escenarios llanos para innovaciones, sino que tenemos que ser partícipes, actores proactivos de generación de estos cambios. Si bien, el componente tecnológico hoy es clave en las transformaciones, no presume que sea condición obligada del origen de las ideas, como tampoco debemos esperar que se nos ocurra reinventar la rueda.

El conocimiento y experiencia de las personas es un activo invaluable, que erróneamente muchas veces no lo vemos o subestimamos, esa es también la gran base de datos, la que desde cada una de nuestras veredas nos permitirá innovar, crear y en definitiva transformarnos exitosamente. Creo que esa es la verdadera invitación en estos tiempos.