Una valoración empresarial mal ejecutada puede distorsionar negociaciones, afectar procesos internos y generar conflictos entre socios.
En nuestro país este tipo de análisis suele estar ligado al patrimonio inmobiliario y mobiliario de la empresa, por lo que cualquier falla metodológica impacta directamente en activos concretos como terrenos, edificios, maquinaria o equipamiento.
Por eso, entender los errores más frecuentes en las tasaciones de empresas te permite leer un informe con mayor criterio y anticipar problemas antes de que escalen.
¿Cuáles son los errores más frecuentes en una valoración empresarial?
Errores matemáticos que pasan desapercibidos
Aunque parezca básico, los errores de cálculo siguen apareciendo en informes extensos. Un número mal arrastrado en una planilla altera proyecciones completas. Este tipo de fallos suele originarse al inicio del análisis y se replica en etapas posteriores, afectando el valor final.
Al revisar un informe de tasación para empresas, conviene partir por los cálculos base: sumas, tasas aplicadas y consistencia entre tablas.
Si detectas un error, recalcula y revisa las hipótesis que dependen de ese dato. En empresas con activos inmobiliarios relevantes, una cifra incorrecta puede modificar el peso del patrimonio dentro del resultado final.

Aplicar el enfoque de activos sin considerar intangibles
Cuando hay bienes físicos como inmuebles, flotas o maquinaria, el enfoque basado en activos suele ser una referencia inicial.
El problema surge cuando el análisis se limita a lo tangible y deja fuera los activos intangibles como marca, contratos vigentes, relaciones comerciales o know-how.
Una empresa operativa casi nunca se explica solo por su balance, por lo que excluir estos elementos genera una visión incompleta del negocio.
Por eso, cuando se utiliza este enfoque, el informe debe explicar cómo se identificaron y midieron los intangibles, o bien justificar por qué se optó por otro método que capture mejor esa realidad.
Uso incorrecto de métodos dentro del enfoque de ingresos
Dentro de este enfoque existen métodos para la valoración de activos relacionados entre sí, como el flujo de caja capitalizado (CCF) y el flujo de caja descontado (DCF). Un error habitual consiste en aplicar ambos y luego promediar resultados.
Estos métodos no se complementan, se excluyen. Elegir uno u otro depende del contexto de la empresa: estabilidad del negocio, calidad de las proyecciones y comportamiento histórico.
Un informe serio debería explicarte por qué se seleccionó un método y por qué el otro no resultaba adecuado para ese caso específico.

Confianza excesiva en reglas generales de mercado
Las reglas generales, basadas en múltiplos sectoriales, suelen aparecer como atajos rápidos. Por ejemplo, valorar un negocio como un porcentaje de ventas o un múltiplo estándar de EBITDA. Aunque estos datos sirven como referencia, presentan límites claros.
Cada empresa tiene una estructura de costos distinta, una ubicación específica y una realidad competitiva propia. Aplicar una regla sin mayor análisis lleva a conclusiones poco representativas.
En valoraciones que incluyen inmuebles, la ubicación y el estado del activo pesan mucho más que un promedio de mercado.
Falta de explicación detrás de las conclusiones
Un informe puede mostrar cifras correctas y aun así generar dudas si no explica el razonamiento detrás de ellas. Cuando se proyecta crecimiento, reducción de costos o mejoras en márgenes, el lector necesita entender el origen de esas estimaciones.
Por ejemplo, si los ingresos crecieron de forma sostenida, el análisis debe detallar si esto respondió a nuevos contratos, expansión territorial o ajustes de precios.
Lo mismo ocurre con proyecciones futuras. Sin este respaldo, la conclusión pierde fuerza frente a terceros, como bancos, inversionistas o entidades fiscalizadoras.

Otros errores que conviene identificar
Confundir valor de la empresa con valor patrimonial
El valor de una empresa no equivale automáticamente a la suma de sus activos menos pasivos. Ese cálculo refleja una parte del panorama, pero no explica la capacidad del negocio para generar flujos futuros.
Tratar la valoración como un número único e inamovible
Toda valoración depende de supuestos. Cambios en tasas, crecimiento esperado o contexto económico pueden modificar el resultado. Por eso, un buen informe incorpora análisis de sensibilidad que muestran cómo varía el valor frente a distintos escenarios.
Usar la valoración como precio directo de negociación
En procesos de compra o venta,la valoración sirve como referencia, no como precio cerrado. Compradores y vendedores interpretan el resultado desde posiciones distintas.
Asumir que el número final equivale al monto de la transacción genera expectativas poco realistas.

Cómo evitar estos errores en una valoración empresarial
Muchos errores en una valoración aparecen cuando los activos se analizan sin criterios definidos o con supuestos poco explicados. Eso suele generar cifras que cambian, ajustes posteriores y observaciones en instancias de revisión.
Cuando el patrimonio inmobiliario y mobiliario tiene peso en tu empresa, una tasación bien desarrollada reduce estos riesgos.
En Tinsa by Accumin trabajamos con metodologías claras y valores alineados al mercado, evitando inconsistencias en inmuebles y activos físicos que afectan el resultado.
Si buscas evitar errores habituales y trabajar con cifras bien sustentadas para tu valoración empresarial, puedes contactarnos y solicitar una valoración alineada con la realidad de tu empresa. Así, el análisis parte con información correcta.